Organización del sistema pulsional y su subordinación a las instancias morales. Del instinto primario, a la moral y estructura neurótica.
Pero, en el hombre, a ese plano se superpone otro: el de los complejos instintivo-afectivos personales. A este nivel las tendencias emergen de la capa propiamente específica para organizarse y sistematizarse en función de la historia del individuo y de su desarrollo propio, en las constelaciones familiares y sociales de las que forma parte. En el orden de las diversas "esferas sensoriales" nacen gustos individuales, así como en el orden de la esfera sexual interviene la elección objetal para diferenciar y disciplinar, al precio de duras presiones, a la libido difusa y flotante. Semejante integración personal de las tendencias específicas supone una selección que es función del "carácter" individual. Por esta diferenciación los instintos primitivos se encuentran sometidos a procesos inconscientes de desplazamiento, de sublimación, de sustitución. Si se prefiere emplear una terminología fisiológica, se hablará de procesos de inhibición y de reflejos condicionados; si se prefiere recurrir a términos psicoanalíticos, se hablará de "complejos afectivos", de represiones, de "fijaciones libidinales". Sin duda esta "complicación" y esos desplazamientos en la esfera de las conductas instintivas también se encuentra en los animales, y es muy probable que el "condicionamiento" de los instintos por el medio "social" de un grupo de babuinos, engendre también una serie de inhibiciones y sustituciones que en cierto sentido representan una "premoral", según la palabra de HESNARD (1), constituida por un sistema de prohibiciones y de represiones. Pero en el ser humano, desde los primeros estadios del desarrollo, ese sistema pulsional está ligado a contrapulsiones infinitamente más rigurosas, a la medida del mundo de los valores que constituye la vida social del hombre y la estructura virtualmente moral de su conciencia. La dialéctica de los instintos y de su "censura", que los psicoanalistas nos han hecho familiar, no puede comprenderse sino en base a esta consideración. Desde las primeras fases de la evolución se revela la estructura conflictiva de la personalidad, su oscilación entre el "ello" y el "super-yo", prefiguración de la elección entre el deseo y el deber, constituyendo la infraestructura más profunda de la naturaleza humana. La superación del estadio oral de incorporación del objeto deseado, la disciplina esfinteriana, las vicisitudes de la elección objetal, la angustia edípica de la castración, todo esto testimonia en cada fase del desarrollo libidinal pregenital y luego fálico, la acción de un sistema contrapulsional característico de cada uno de esos estadios. De ese modo, la naturaleza instintiva es sustituida por una "supra-naturaleza2" complexual sometida a las leyes de la premoral, la del super-yo.
Pff.